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El drama del acné juvenil

Al llegar a la adolescencia, la cara de nuestros hijos empieza a llenarse de espinillas y granos. Para ellos puede llegar a ser una pesadilla. Quítale importancia porque es una situación típica de la edad.

El acné juvenil es un problema cutáneo que padece la mayor parte de los adolescentes. Se manifiesta en forma de granos dispersos por la frente, nariz, mejillas, mentón... y afecta sobre todo a su apariencia. Depende del grado, como en casos severos, puede llegar a producir trastornos psicológicos, sobre todo en chicas, quienes más se preocupan por el aspecto físico. Eso no significa que a los chicos no les afecte. En cualquier caso, el acné juvenil es un padecimiento que suele desaparecer espontáneamente a partir de los veinte años.

¿Por qué aparece el acné juvenil?

El acné aparece principalmente en la pubertad debido a los cambios hormonales que sufren nuestros hijos. Los andrógenos (hormonas masculinas) estimulan la segregación de las glándulas sebáceas en exceso, y esta materia grasa acaba taponando los canales foliculares pilares. Si este bloqueo no es completo, se forman puntos negros; si es completo, aparecen los puntos blancos. Además de los desequilibrios hormonales que se dan en la menstruación, tras dejar los métodos anticonceptivos o en embarazo, hay otras causas: abuso de cuidados cosméticos, la contaminación o el estrés.

¿Cómo podemos identificarlos?

Estas lesiones en la piel saltan a la vista pero se pueden clasificar según su gravedad:

  • Puntos negros o comedones: pequeños atascos formados en los orificios de los folículos pilosos. Suelen ser indoloros.
  • Microquistes: pequeños granos blancos que aparecen en mejillas y en mentón. Suelen evolucionar hasta convertirse en granos rojos.
  • Pápulas o granos rojos: lesiones inflamatorias, en ocasiones dolorosas.
  • Pústulas: idénticas a las anteriores pero con pus.
  • Nódulos: son las lesiones más graves porque son inflamatorias, rojas, profundas y dolorosas.

Algunos consejos prácticos

El acné se puede prevenir en parte con ciertos hábitos higiénicos y cosméticos:

  • Optar por productos limpiadores sin jabón o geles específicos, en vez de jabones que resecan. Un lavado diario es suficiente.
  • Evitar el uso prologado de cremas o lociones antibióticas o con alcohol que irrita la piel.
  • No tocar ni reventar los granos.
  • Cuidar los cosméticos que se utilizan para tapar las imperfecciones de la piel (maquillaje, base...)
  • Controlar las exposiciones al sol.

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