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La importancia de establecer normas en los niños

La importancia de establecer normas en los niños

Todos los padres desean que sus pequeños se porten bien y que sean un ejemplo de comportamiento en el cole, el médico o con la familia. Pero para que esto se cumpla es necesario establecer una serie de normas coherentes, basadas en el respeto y la comprensión, que los niños deben aprender.

Para que los más pequeños se conviertan en personas sociables, autónomas y tolerantes y sepan desenvolverse de manera correcta en su entorno social, es fundamental que desde pequeños los padres establezcan una serie de límites y que ejerzan de guías en su comportamiento.

Los padres no van a poder estar toda la vida detrás de sus hijos para que actúen de manera adecuada, así, el primer objetivo de las normas es dar al niño capacidades de autorregulación para que sepa desenvolverse según se vaya haciendo mayor.

Poner límites implica recalcar una serie de referencias durante el desarrollo de los niños que les ayudarán y orientarán en su crecimiento como personas. Para que esos límites no se sobrepasen, debe haber una autoridad guiando que en este caso serán los padres. Esta autoridad suele perderse cuando los progenitores intentan convencer su hijo de lo que debe o no debe hacer desde una posición de amigo, algo que casi nunca suele funcionar y que cada vez dificultará más la tarea de imponer normas con credibilidad.

Lo ideal es buscar el punto medio entre ser excesivamente autoritario o demasiado permisivo. El equilibro se encuentra cuando los padres se muestran cariñosos cuando pueden serlo y firmes cuando deben. Para llegar a este punto es importante que haya respeto entre ambas partes y tener bien establecidas las reglas de convivencia.

La importancia de las normas en los niños

  • Establecer normas proporciona sensación de seguridad a los niños. Saber lo que pueden o no pueden hacer y qué límites no pueden sobrepasar les da tranquilidad a la hora de actuar. Establecer unas rutinas en casa también les da la certeza de que van a ser atendidos cuando lo necesiten y de que sus necesidades van a ser cubiertas.
  • Si desde pequeño se le dan unas pautas de comportamiento, a medida que vaya creciendo sabrá discernir entre lo que está bien y lo que está mal y será más fácil que se aleje de malas conductas. También le ayudará a crear su propia escala de valores en la que decidirá lo que es válido y lo que no el resto de su vida.
  • Establecer unas normas dentro de casa también hará que las cumpla fuera adaptándose así a la vida en sociedad. Unos límites claros ayudarán a los más pequeños a adaptarse a nuevas situaciones como empezar en la guardería o el colegio, conocer a otros niños, ir al médico, comportarse en el restaurante…
  • Ayudan a una convivencia basada en el respeto y la tolerancia hacia sí mismo y los demás. Aprenderán a portarse bien y a ser mejor personas.
  • Establecer lo que no puede hacer y que lo asuma le ayudará a asimilar el sentimiento de frustración cuando a lo largo de su vida no siempre le salgan las cosas como desearía.

Cómo deben ser las normas

La educación de los niños lleva su tiempo, y por mucho que establezcamos normas y limites su comportamiento no va a ser perfecto de un día para otro. No hay que ser excesivamente estricto ni humillar al pequeño si al principio no nos hace caso. La labor es ir guiándoles poco a poco hasta que sepan diferenciar ellos solos lo que se debe y lo que no se debe hacer, pero siempre en un clima de confianza, respeto y diálogo.

Las normas o límites deben seguir una serie de pautas:

  •  Deben ser coherentes y justas, basadas en las necesidades del niño.
  • Hay que adaptar los límites a la edad del pequeño y establecer unas pautas que pueda entender. Normas simples, concisas y sencillas.
  • Es importante dejarle experimentar un poco y darle la oportunidad de elegir a veces. No hay que imponerse ante todo.
  • El comportamiento de los padres marcará el de los hijos. No puede haber contradicciones.
  • Las normas deben ir en positivo y no siempre estar diciendo a todo que no.
  • Es necesario controlar el genio y jamás humillarle o ridiculizarle.
  • Las normas y límites deben estar claros, al igual que las consecuencias de no cumplirlas.
  • La autoridad debe ser firme y hay que recordar que la labor de los padres es enseñarles y educarles, no ser sus amigos.
  • Al igual que hay castigo ante una mala conducta, siempre se debería recompensar los logros y el respeto de los límites.
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